

El 9 de abril marcó un hito en Colombia: por primera vez, se realizó una cirugía de Estimulación Cerebral Profunda (DBS, por sus siglas en inglés) como tratamiento para la depresión resistente.
De acuerdo con lo narrado por la propia Rodríguez Moreno en medio de declaraciones recopiladas por Vanguardia, la intervención era la última opción luego de años enfrentando un trastorno que había transformado cada aspecto de su vida.
Desde los 17 años, la joven oriunda de Garagoa, Boyacá, sufrió episodios de depresión y ansiedad que progresivamente le robaron la energía y la capacidad de disfrutar lo cotidiano.
Tras recurrir sin éxito a diversos tratamientos, tanto psicológicos como psiquiátricos y alternativos, el cansancio y la desesperanza predominaron. Según relató, ni cambios de medicamentos, ni múltiples especialistas, ni terapias alternativas lograron revertir la situación.
“Terapias psicológicas, cambios de médicos, terapias alternativas, y una larga lista de psiquiatras y fármacos que mi cuerpo terminaba rechazando. Pero nada funcionaba. Me sentía atrapada en un túnel sin salida”, señaló la mujer.
La recaída más severa ocurrió en diciembre de 2024 cuando Rodríguez Moreno “tocó fondo”, según describió, lo que la llevó a enfrentarse a una incapacidad total para desarrollar las acciones más simples del día a día.
Fue entonces cuando surgió la opción de acceder a una cirugía pionera en Colombia, realizada por un equipo multidisciplinario del HIC liderado por el neurocirujano William Contreras e integrado por especialistas en neurología, psiquiatría, neuropsicología, epidemiología y electrofisiología, como la doctora Paula Millán y el doctor Juan Esteban Rosales.
El procedimiento al que fue sometida consiste en la implantación de electrodos directamente en áreas específicas de su cerebro. Estos electrodos se conectan internamente a una batería, similar a un marcapasos, colocada en la región pectoral. Los impulsos eléctricos emitidos buscan regular la actividad cerebral alterada por la depresión.
Rodríguez Moreno relató que la cirugía, que duró cerca de seis horas, se realizó con ella despierta. Explicó que la experiencia le resultó sorprendente, como si su mente estuviera siendo reprogramada, y destacó el avance de la ciencia para ofrecer alternativas concretas ante esta enfermedad.
El proceso de preparación para la cirugía tomó cerca de dos años e incluyó evaluaciones exhaustivas por parte del equipo médico, que, según palabras de la paciente, actuó con rigor profesional y humanidad.
“Nunca me vieron como un diagnóstico, sino como una persona”, señaló Rodríguez Moreno al describir el trato recibido en el hospital.
Aunque los especialistas advierten que los resultados completos del procedimiento pueden requerir hasta dos años para manifestarse plenamente, para Rodríguez Moreno cada avance representa un motivo de celebración.