

La preocupación por la violencia se ha instalado en la agenda pública en la antesala de un nuevo año electoral. De acuerdo con la última encuesta Invamer Poll, el 61.5% de las personas cree que Colombia está muy cerca de volver a la violencia vivida en el pasado. El aumento de combates entre grupos armados, episodios de violencia extrema y ataques contra civiles y miembros de la Fuerza Pública intensifica el debate.
El informe del Centro de Paz evidencia que la violencia homicida no descendió bajo la bandera de la ‘Paz Total’. Por el contrario, el número de asesinatos supera los 37.795 registrados en el mismo periodo del gobierno de Duque y los 36.646 del segundo mandato de Juan Manuel Santos. Según el análisis, el promedio anual de homicidios en el gobierno Petro asciende a 13.554 casos, frente a 12.598 en Duque y 12.215 en Santos.
El documento también destaca que entre agosto de 2024 y agosto de 2025 se observó el momento más crítico del periodo, con 13.817 homicidios en un solo año, equivalente a un asesinato cada 39 minutos, la cifra más alta desde 2014. Los investigadores describen este comportamiento como una “meseta prolongada”, alejada del “quiebre notorio” que se esperaba con la implementación de la nueva política de paz.
La serie histórica analizada entre 2010 y 2024 confirma este estancamiento. Un análisis de las últimas décadas muestra que la reducción de homicidios es lenta, de 0.2 puntos por año. Las proyecciones del informe indican que, de mantenerse esta tendencia sin ningún cambio estructural, el país solo alcanzaría una tasa de 10 homicidios por cada 100.000 habitantes hacia la década de 2080, un horizonte que evidencia la profundidad del problema pues en los siguientes 20 años habría otros 250.000 muertos y, lo más grave, la mitad de ellos, serían jóvenes.
Aunque el gobierno insiste en que el conflicto nacional está desescalando, las cifras apuntan hacia otro escenario: la violencia homicida se mantiene en niveles altos y crecientes en ciertas regiones del territorio nacional. La alta intensidad de la violencia responde a dinámicas locales específicas que exigen intervenciones diferenciadas y focalizadas. Así las cosas, según sugiere el informe, promesa de la ‘Paz Total’ enfrenta un desafío estructural que requiere acciones contundentes para evitar que esta tendencia continúe arraigándose en los territorios.
La Región Caribe lidera el aumento de homicidios
El mapa de homicidios en Colombia durante los primeros tres años del gobierno Petro muestra una reconfiguración territorial profunda, caracterizada por incrementos severos en la Costa Caribe y en el Nororiente, mientras otros territorios como Antioquia o Nariño registran descensos sustanciales.
Los departamentos que más aumentaron durante el trienio Petro en comparación con Duque fueron 19. Seis concentraron el mayor impacto:
En ellos se observan enfrentamientos entre los grupos armados ilegales como el Clan del Golfo (AGC), disidencias de las extintas FARC, ELN, bandas urbanas, entre muchos otros. Así como combates de estos grupos con la fuerza pública. Las rentas ilícitas costeras, froterizas, mineras y de narcotráfico aparecen como motores centrales de las disputas en un entorno de vulnerabilidad socioeconómica de las víctimas y ausencia y debilidad del Estado.
Por su parte, 13 departamentos mostraron caídas. Los casos más relevantes:
Estas reducciones reflejan esfuerzos institucionales focalizados, pero también desplazamiento del crimen hacia territorios vecinos. Investigaciones más profundas habrán de establecer las circunstancias que explican estos importantes decrecimientos.
Asimismo, la región Caribe pasó de registrar 6.512 homicidios en el trienio Duque a 9.382 en el trienio Petro, un salto de 2.870 asesinatos adicionales, que explica buena parte del aumento nacional.
La presencia de estructuras como los Pachenca, Clan del Golfo, “Costeños”, Tren de Aragua y redes transnacionales incrementó la disputa territorial en corredores estratégicos desde Cartagena hasta Santa Marta.