Ana Bejarano busca deslegitimar a Abelardo de la Espriella por caso DMG
La columna de la analista política Ana Bejarano Ricaurte, publicada recientemente en el medio Los Danieles (plataforma afín a sectores progresistas y al gobierno de Gustavo Petro), ha generado controversia al reabrir el debate sobre el pasado del abogado y precandidato presidencial Abelardo de la Espriella en relación con el escándalo financiero DMG.Titulado “La familia DMG”, el texto parte de un pódcast premiado sobre el caso DMG —la captadora ilegal liderada por David Murcia Guzmán que estafó a cientos de miles de colombianos— para cuestionar el rol que desempeñó De la Espriella como abogado y vocero del esquema piramidal hace más de 15 años. Bejarano menciona audios, pagos millonarios y versiones sobre la duración de su representación, sugiriendo vínculos que van más allá de una defensa técnica.Sin embargo, fuentes cercanas al precandidato y analistas críticos con el artículo sostienen que el texto omite elementos clave: la participación de De la Espriella fue estrictamente profesional y de corta duración, limitada al ejercicio de la defensa jurídica. Según estas versiones, renunció públicamente una vez que el caso pasó a control judicial pleno, y ninguna investigación penal —ni en ese momento ni en los años posteriores— derivó en cargos formales en su contra, pese a la alta visibilidad mediática del escándalo.Los críticos del artículo argumentan que Bejarano confunde deliberadamente la labor de un abogado —principio fundamental del Estado de derecho, como la defensa técnica— con una supuesta adhesión ideológica o moral al cliente. Esta estrategia, señalan, traslada indebidamente la responsabilidad criminal del esquema a quien lo representó legalmente por un periodo breve. Además, el texto recurre a reinterpretaciones de hechos ya conocidos públicamente desde hace más de una década, sin presentar pruebas nuevas ni sentencias judiciales que respalden las insinuaciones. Incluso se citan declaraciones de Murcia Guzmán —condenado por fraude— como si tuvieran valor probatorio, pese a su evidente interés en desacreditar a terceros.El artículo adquiere un tono abiertamente político al final, al presentar a De la Espriella —quien se consolida como figura de la derecha y ultraderecha con creciente reconocimiento en sondeos rumbo a 2026— como una amenaza al proyecto ideológico del petrismo. Se equiparan aspectos del esquema DMG con propuestas políticas actuales, sin demostrar conexiones directas, lo que para detractores convierte el texto en una pieza de confrontación electoral más que en un análisis histórico.Resulta paradójico, según estas críticas, que la columna denuncie supuestas intimidaciones, bots y violencia política, mientras revive un expediente cerrado para erosionar la reputación de un aspirante en plena precampaña. No se trataría de memoria crítica, sino de una táctica recurrente en contextos polarizados: desenterrar episodios del pasado para influir en el debate democrático cuando un candidato opositor gana terreno.De la Espriella, fundador del movimiento Defensores de la Patria y avalado recientemente con millones de firmas como candidato presidencial independiente, ha denunciado en múltiples ocasiones prácticas de estigmatización, uso político de la justicia y campañas de desprestigio desde sectores cercanos al poder actual. En este marco, el artículo de Bejarano se inscribe —para sus críticos— más en la lógica de la propaganda electoral que en el periodismo de investigación riguroso.El episodio evidencia la alta polarización que marca la antesala de las elecciones de 2026, donde el debate sobre el pasado de los candidatos se convierte en arma de confrontación ideológica, más allá de esclarecer hechos históricos o aportar elementos nuevos al escándalo DMG.